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LOS TESTIGOS DE JEHOVÁ EN LA JAGUA DE IBIRICO- AUTOR: HONORIO ANTONIO MARTINEZ CUELLO.!!!


AUTOR. HONORIO ANTONIO MARTINEZ CUELLO.

Los testigos de Jehová es una organización religiosa basada en la Biblia, que adora a Jehová como el Dios Todopoderoso y ve a Jesús como su hijo y Salvador , rechazando la Trinidad y centrándose en la predicación para vivir en un paraíso terrenal futuro.

Se distinguen por aplicar estrictamente las enseñanzas bíblicas, incluyendo la no participación en política, el rechazo de transfusiones de sangre, no celebrar cumpleaños ni navidades y predicar de casa en casa, buscando la felicidad en su comunidad y un futuro con Dios.

Los Testigos de Jehová afirman que la doctrina de la Trinidad es de origen satánico y que el Cristianismo, en su conjunto, ha creído en una mentira del diablo. Conjuntamente con el rechazo de la Trinidad, hay una negación igualmente férrea sobre la deidad de nuestro Señor Jesucristo, así como de la divinidad del Espíritu Santo, la creencia en el infierno, y del castigo eterno.

Últimamente, en materia de salud, cada testigo de Jehová toma sus propias decisiones. Si no hay una ley divina de por medio, se vale de su conciencia (Romanos 14:2-4). Cuando se va a someter a un tratamiento, primero investiga en que consiste y con esta información decide si su conciencia guiada por la Biblia le permite aceptarlo o no (Gálata 6:5; Hebreos 5:14).

Para la década del Cuarenta, La Jagua de Ibirico era un pequeño lugar donde vivían muy pocas familias, donde habitaba la paz, la tranquilidad  y también la unión, donde cada uno de sus lugareños tenía un terreno donde se realizaban cultivos de pan coger para satisfacer las necesidades alimenticias de las diferentes familias que integraban el pueblo, entre ellos el maíz, el frijol, la yuca, el plátano y sembraban pasto para darle de comer a sus animales, como la cabra, y las vacas, que producían la leche para la alimentación;  sus caballos y burros que le servían como medio de transporte para traer del campo al pueblo  sus productos de pan coger, el rio Sororia donde se recogía el agua  para los que haceres diarios; sus casas unas de bareque y otras de tabla,  a la distancia se ven los cerros de la serranía del Perijá; era un lugar donde se podía descansar en paz.

La Jagua de Ibirico, años después, fue un pueblo armonioso, lleno de alegría y felicidad, los niños expresaban su alegría, inocencia y potencial con su risa contagiosa alegra hasta el día más nublado, los niños son el recurso más importante del mundo y la mejor esperanza para el futuro. Era costumbre nuestra jugar todos los días en sus calles empedradas evocando nostalgia, libertad y magia de la infancia, destacando que el juego es esencial para la vida y el aprendizaje. 

Con mis primos Walter Vides Ochoa, sus hermanos, Eligio Ortiz, Juanchon Hernández, José Hinojosa, Miguel Martínez, Vera Lima y Abelardo Echeverría,  jugábamos futbol en la calle central de la Jagua frente a la casa donde vivía mi tío Elías Ortiz, quien era el relojero del pueblo, con una pelota de caucho que tenia letras y números y que cuando nos pegaba en el cuerpo las letras y los números se veían en nuestro cuerpo especialmente en el pecho porque jugábamos sin camisas, otras veces nos íbamos caminando hasta llegar al puente del Rio Sororia, de donde nos lanzabamos a las aguas a bañarnos, nos divertiamos y pasabamos un buen momento.

En la época de la primavera el verdor de los pastos del campo, era toda una maravilla, en primavera era vital, los lugareños se ponían alegres con el despertar de los pájaros. 

Era lindo ver las vacas comiendo en los rastrojos, personas arando, niños jugando en los rastrojos y el río Sororía. 

En el pueblo todos trabajaban desde el más viejo hasta los niños, quienes después que salían  del colegio y hacían sus tareas diarias, buscaban alguna ocupación productiva que también les divirtiera; las mujeres, también realizaban sus labores en el hogar. Las familias que habitaban en La Jagua de Ibirico eran los Ortiz, Maldonado, Cuadro, Mejía, Angulo, Díaz, Suarez, Nieto, Ochoa, Vides, Cadena, Hinojoza, Martínez, Restrepo, Peralta, Parody, Lima, Hernández, Vega, Vásquez,  Mier, Mendoza, Echeverría,  Duran, Sierra, Ríos entre otras.

La Jagua de Ibirico fue la tierra que vio nacer a mi bisabuelo Belisario Ortiz Ustate,  padre de mi abuela Maria Leonela Ortiz Maldonado. Tierra además donde nació mi madre,  Maria del Transito Cuello Ortiz, una bella y alegre dama caribeña que encantó a mi padre Pedro Martinez Mejia desde el primer momento que él puso sus ojos en ella, en una fiesta de San Miguel Arcángel, y de ella se enamoró y se casó en esa localidad.

Recuerdo a mi abuela Maria Leonela Ortiz Maldonado,  cuando en las noches de luna llena,  reunía a todos sus nietos en el patio de su casa  y le contaba las historias de tío tigre y tío conejo y siempre nos comentaba -La Jagua es muy rica, nadie me quiere creer, pero aquí va a ver mucho progreso-. 

De igual manera nos contaba que en el año de 1940 hubo un incendio en la Jagua de Ibirico, ella sacó de la sala de su casa el cuadro de San Miguel Arcángel y lo colocó en la puerta de la casa y gritaba -San Miguel Arcángel esa casa no es mía, esa casa es tuya,  vo’ veréis  si la vas a dejar quemar-. Se quemaron todas las casas de palmas  y bareheque  de la Jagua de Ibirico, menos la casa de mi abuela, no sé, cuál era el misterio, pero ella tenía muchos presentimientos o presagios de cosas que iban a suceder.  

San Miguel Arcángel hizo el milagro de salvarle la casa a mi abuela.

El día 9 de abril de 1948 se desato en el país uno de los mayores sucesos de mayor impacto en la historia de Colombia, la muerte de Jorge Eliecer Gaitán, uno de los políticos con mayor prestigio,  representante del partido liberal. La muerte de Gaitán dio origen a una serie de conflictos, incendios, asaltos y destrucción en todo el territorio nacional.

En 1950 cuando el doctor Laureano Gómez, asumió a la presidencia de Colombia, éste presidente creó la Policía Chulavita para reprimir las fuerzas gaitanistas y los movimientos ajenos a la consigna de control social y político de la iglesia que promovía Gómez. 

En la época de la violencia los principales causantes de desplazamiento masivo fueron los grupos legales e ilegales que integraban los partidos conservador y liberal de esa época.

A La Jagua de Ibirico comenzaron a llegar campesinos procedentes del Departamento de Norte de Santander, y se establecieron en esa  población e hicieron una calle a la que le pusieron el nombre de  “La Calle de los Cachacos”, con ellos llegaron unos campesinos que profesaban las ideas religiosas de Los Testigos de Jehová, arrendaron una casa habitación en la Calle Central de La Jagua de Ibirico e instalaron un templo de oración al lado de la señora Tilcia Hinojoza Ortiz.

En la década del Sesenta, el Senador por el Departamento del Magdalena  doctor José Antonio Murgas, presento en el Congreso de Colombia, el proyecto de creación del Departamento del Cesar, mientras que el Representante a la Cámara por el Departamento de Nariño doctor Luis Eduardo Álava Viteri, lo hizo en la Cámara de representantes.

El Departamento del Cesar, se creó mediante la Ley No 25 del 21 de Junio de 1967, firmada por el Presidente doctor Carlos Lleras Restrepo. El Departamento fue inaugurado seis meses después, el 21 de Diciembre de 1967, siendo su primer Gobernador el doctor Alfonso López Michelsen.

Rogerio Martínez Cuello, nacido en la población de La Jagua de Ibirico, el dia 5 de marzo de 1939, hijo de Pedro Martínez Mejía y María del Transito Cuello Ortiz, estudiaba medicina en la Universidad Nacional de Colombia en Bogotá, su vida de estudiante era caótica, pero fructífera, un mundo de madrugadas, trasnochadas, largas horas sin dormir, turnos inacabables y revistas médicas sin fin, pero que, al final de cada una de ellas, dejan un sabor de victoria al graduarse de médico en el año de 1966.

En 1968, El Gobernador del Cesar, doctor Alfonso López Michelsen, a través de la Secretaria de Salud Departamental,  nombra al doctor Rogerio Martínez Cuello, para que haga su año rural en su tierra natal, en el Corregimiento de La Jagua de Ibirico, a donde se trasladó después de su posesión con su esposa  Denise Vargas de Martínez, su hija Guiomar Denise Martínez Vargas y su nana Gloria. Arrendaron una casa de tablas en la calle central de La Jagua de Ibirico de propiedad de Juan Hernández, padre del popular Juanchon; se presenta en el Centro de  Salud de esa población, indicando que es el médico de la población  donde hará su año rural. 

Una vez allí, el médico Rogerio, con el fin de ampliar el Centro de Salud le pidió el favor a las vecinas del Centro, señoras Rafaela Ochoa Rosado y Carmen Rosa Hernández, que le regalaran cada una tres metros de tierra, una vez realizada la donación este promovió con los habitantes de La Jagua de Ibirico la marcha del ladrillo y de la mano de la Junta de Acción Comunal del pueblo lograron ampliar la construcción del local del Centro de Salud. Rogerio Martínez Cuello, fue el primer médico que hizo el año rural en esa localidad, con la creación del Departamento del Cesar. 

El médico Rogerio comienza su travesía, una travesía guiada por el deseo altruista de irse por la Colombia rural a brindar sus servicios y conocimientos a la población vulnerable y menos favorecida, con el único fin de hacer el bien y salvar vidas, sin importar lo que ello conlleve.

Poco a poco el medico Rogerio Martínez Cuello, va cogiendo experiencia en el campo de la medicina, se va acostumbrando a salir de esa mentalidad de médicos criados en un tercer nivel, se va adaptando a lo que tiene el Centro de Salud de primer nivel de asistencia; echando mano de la semiología, el fonendoscopio y todo lo relacionado en el campo de la medicina. 

Las historias inverosímiles que, llenos de curiosidad había escuchado en el pregrado, sucedieron una tras otra vez, y fue llenando su propio libro de recuerdos que, orgulloso me contaba cada vez que compartíamos unos tragos de licor. 

Me contó que en una ocasión y eso me consta porque yo estaba presente cuando en compañía de mi padre Pedro Martinez Mejia y madre Maria del Tránsito Cuello Ortiz viajamos de Chiriguaná a la Jagua de Ibirico en un vehículo  de  estaca que le llamaban la Perra de propiedad de Pedro Díaz Suarez, y se supo que en el Templo de los Testigos de Jehová de la Jagua de Ibirico, un hermano evangélico se encontraba enfermo y no lo llevaron al Centro de Salud para que él le prestara los servicios médicos, sino que todos los hermanos se ponían a orarle y a pedirle a Dios que le salvara la vida, eran gritos que salían del templo. 

Ante esta situación el señor Inspector de Policía don Nicolás Mejía Angulo, visitó al médico Rogerio en el Centro de Salud con la misiva de que lo acompañara al Templo Evangélico con el fin de prestarle los servicios médicos al enfermo.

El medico Rogerio Martínez Cuello, salió con su maletín médico junto al señor Nicolás Mejía Angulo de camino al Templo evangélico. Al llegar a su destino, encontraron en la puerta dos feligreses de esa religión, quienes bloqueaban el acceso al lugar, pero se podía ver a un grupo de personas orando con mucho fervor por la salud de su hermano enfermo y que el Dios del Cielo lo sanara. 

El médico Rogerio habló con ellos y le contestaron que su religión no les permitía que la ciencia médica les hiciera consulta a sus hermanos, inclusive no aceptaban sangre, glóbulos rojos empaquetados, glóbulos blancos o plaquetas en transfusiones homologas o antólogas.

Se regó la noticia en el pueblo de La Jagua de Ibirico y la gente corría en dirección al templo evangelio, donde se formó un tumulto de gente frente al templo forcejeando, dándose codazos y empujones, pisoteándose los unos a los otros. 

Los hombres y las mujeres le gritaban enojados a los evangélicos- ¡Ustedes van a dejar que ese hombre se muera!-. El Inspector de Policía don Nicolás Mejía Angulo, buscó al señor Pedro Díaz Suárez, propietario del vehículo de estacas al que llamaban “La Perra”, para que en forma urgente le llevara un oficio al señor alcalde de Chiriguaná don Guillermo Quiroz, para que le enviara unos agentes de la Policía Nacional, con el fin que los Testigos de Jehová, permitieran que el evangélico enfermo fuera atendido por el médico.

Pedro Díaz Suarez,  salió con destino a Chiriguaná y como a las cuatro horas regreso con tres agentes de la Policía Nacional, pero al llegar se encuentra con la noticia que el evangélico enfermo había fallecido; lo mismo sucedió con otro campesino Testigo de Jehová, que fue mordido en el campo por una serpiente, el pastor tampoco permitió que fuera a donde el médico del pueblo, y  mucho menos que fuera atendido por el Mono Mejía quien para esa época curaba a las persona que eran mordida por serpientes venenosas.  

La medicina (del latín medicina, derivado a su vez de mederi, que significa “curar”, “medicar”)  es la ciencia dedicada al estudio de la vida, la salud, las enfermedades y la muerte del ser humano, e implica ejercer tal conocimiento técnico para el mantenimiento y recuperación de la salud, aplicándolo al diagnóstico, tratamiento y prevención de las enfermedades. La medicina forma parte de la denominada ciencia de la salud.  

Los Testigos de Jehová, cambiaron su posición de no aceptar tratamiento médico y en la actualidad si aceptan el tratamiento médico menos la transfusión de su sangre. 

En este evento, sólo aceptan la autotransfusión intraoperatoria por hemodilución normovolémica (una vez anestesiado, al paciente se le extraen unidades de sangre para utilizarlas durante o al final de la cirugía y simultáneamente se las reemplaza con un expansor de volumen plasmático); la recuperación intraoperatoria de la sangre, mediante el uso de un aparato similar al de la hemodiálisis, o la recuperación postoperatoria, una vez finalizada la operación, se recoge la sangre que normalmente se perdería por los drenajes para utilizarla. Este último procedimiento es complicado, oneroso y de uso poco frecuente. 

Pero estas técnicas alternativas no pueden emplearse en todos los casos. Cuando los médicos estiman que la situación del paciente hace necesaria una transfusión, se topan con una realidad que los desubica: el propio paciente no acepta lo que podría salvarlo.

Los Testigos de Jehová llevan una tarjeta o medallita con la frase “No aceptamos transfusiones”  y el dibujo de una bolsita de sangre cruzada por la franja roja de prohibido. Además, usan otro documento fundamental, llamado Directiva Médica Anticipada: exoneración de responsabilidad, firmado y certificado por el señor notario.

ME PREGUNTO:

¿Serán los Testigos de Jehová una secta religiosa?

¿Será que los médicos deben respetar el derecho del paciente Testigo de Jehová a elegir los tratamientos?

¿Los Testigos de Jehová serán salvados por Dios al morir por no aceptar un tratamiento médico para salvar su vida?

¿Es la organización de los Testigos de Jehová un Imperio Comercial con apariencias religiosas?


Fin.

También puedes escuchar mi música ingresando al siguiente link https://open.spotify.com/album/2JXHP6WCIM9aFqgYJO6nd9 .  Espero que la disfrutes.

Comentarios

  1. LOS TESTIGOS SON SATÁNICOS;PORQUE SE NIEGAN ALAS TRANSFUSIÓN DE SANGRE PREFIEREN DEJAR MORIR A LAS PERSONAS COSA QUE ES DIABÓLICA

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    Respuestas
    1. DIOS ES PADRE ,ES HIJO Y ES ESPÍRITU SANTO ES EL DIOS TRINO ELLOS ESTÁN ERRADOS

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  2. LOS TESTIGOS DE JEHOVÁ ALEGAN QUE VA A VIVIR EN LA TIERRA POR SIEMPRE ,LA BIBLIA DICE QUE ESTE CIELO Y ESTA TIERRA SERÁN FUNDIDOS

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  3. LOS TESTIGOS DE JEHOVÁ DICEN QUE IRÁN AL CIELO 144 MIL ENTONCES QUIEREN DECIR QUE NO TODOS SERÁN SALVOS ,ENTONCES ESTÁN PREDICANDO UN DIOS QUE HACE ACEPCIÓN DE PERSONAS ESTO QUIERE DECIR QUE NO TODOS SERÁN SALVO,HAY MUCHA CONTRADICCIÓN EN ELLOS

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  4. NO ES SALVO AQUELLA PERSONA QUE SE QUITA LA VIDA , LOS TESTIGOS DE JEHOVÁ AL NEGARSE A LA TRANSFUSIÓN Y FALLECE SE ESTA QUITANDO LA VIDA POR LO TANTO QUIEN SE QUITA LA VIDA NO PUEDE SER SALVO ESTO ES ANTI BÍBLICO

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  5. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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